jueves, 23 de octubre de 2008

Naranja


Eran las nueve, el sol me encandilaba, la imprudencia de haber dejado la ventana abierta el día anterior, se reflejó en mis ojos totalmente blancos.
Cualquier persona "responsable" afirmaría que las nueve de la mañana era un horario más que prudente para estar levantado; cualquier persona prudente no se acuesta a la cuatro de la mañana recapitulando libros de texto. La decisión de cerrar los ojos fue vana, solos se abrían, como un estandarte de protesta al sol, cambié de posición con un enfadado movimiento brusco y miré a la pared aunque solo sirvió para darme cuenta que ahí estaba de nuevo, copia fiel del original, antes en el espejo, ahora en la pared blanca que aunque manchada y roída era víctima impecable del reflejo solar.
Todo parecía indicar que el sol se empeñaba en verme caminar los kilométricos metros que separaban mi perpendicularidad con la ventana.
Cerré, como por obra de pintor famoso, los ojos ya bastante redondos; mi cabeza se desplazó sobre la sábana unos centímetros y el espacio que antes ocupaban las monótonas imágenes de mi habitación, había ahora una fina cortina naranja q todo lo cubría, la luz del sol se estaba filtrando por los párpados y fue ahí, en ese instante donde la convalecencia onírica se apoderó de mis ojos que vi una mano, tu mano, que no era hermosa ni gran cosa, pero bastaba saber que era tuya para afirmarla y constatarla tan imperfecta como ideal, imprevisiblemente se acercó, se agrandó y fue dando paso lento y encasillado cual peón de ajedrez a tu brazo, sin pulseras y sin mucha carne...lánguido, pero “tuyo”.
Sin quererte y sin quererlo me di cuenta que eran mis ojos los que te descubrían, “naranja”, no vos que aparecías. Tentado a irme por las ramas que te entretejían, pensando si te conocía, si te había visto en alguna estación de colectivos o en un bar o si solo vivías cada vez que el sol perforaba mis párpados. Te dejé verme y disipé aunque todavía existían las dudas sobre tu procedencia pseudo divina...eras vos, entera, lisa, media, increíble, eficaz, hamacada, firme, viva, graciosamente seria y me mirabas como si no supiera yo que hay detrás de tus ojos que escondían minuciosamente todos tus “no” o tus “si” que yo ya conocía pero que nunca habías pronunciado.
Te vi abrir la boca, resquebrajada, tomar aire y elevar la cabeza todo indicaba que algo ibas a decirme, me estiré sin saber aún, si existía o no de entro de ese mundo naranja para tapar con mi índice lo que iba a ser tu primer palabra, no necesitaba que hables, no por lo menos en este momento donde empezando por tus ojos, tu cuerpo se expresaba tan nítidamente bailando sin moverse, siendo cómplice de su propia perfección...nada te sobraba, nada te faltaba y para esa altura ya ni me acordaba de lo que era tener perchas en los hombros. Gracias a alguna revelación trascendente, te diste cuenta enseguida que una palabra podría condenarnos a encontrarnos donde no queríamos, en situaciones que creíamos absurdas.
A sabiendas ya yo, de mi existencia en el mundo predeciblemente finito desde el momento en que nací, ahora estaba teniendo la dicha de conocer ese “tu” mundo inmóvil, aquí y ahora que el sol con su fuerza quiso regalarnos.
Quise moverme, hacer algo por vos, inmortalizarte de alguna manera, en verso o en prosa, hacerte arte...hacernos arte.
Seguro de conocerte hasta los huesos, aunque no de haberte visto antes, decidí volverte papel, estiré la mano y adivinando mis sentimientos tradujimos lo que sentíamos en ese ramillete de dedos flacos. Ahora al frente de tu cintura y con la mirada tendiendo un puente, te invité a pasar a mi alma y descubrí que las manos se fundieron en un “para siempre” tan relativo como implacable.
Con los cuerpos duros, con cada músculo contraído, nos volvimos uno en un abrazo, sentía aplausos de ovación de película romántica y la flecha ignorando al viento. Tu cuerpo me estorbaba...ya éramos uno, tu alma, abrazada a la mía, nos perpetuó.
Era la hora de abrir los ojos, ya nos habíamos conocido lo suficiente sin hablarnos, era hora de que la rutina vuelva a aplastarme. Entonces, abriendo los ojos te obligué a quedarte para siempre en ese lugar que juntos te asignamos, justo en el borde de mi vida, no necesité hablarte para conocerte, no necesito verte para saber, Naranja...que existís.

6 comentarios:

F dijo...

siempre existe, para todos, alguna naranja detrás del sol...

A

F dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
F dijo...

qeria firmar esto: guau fran...
un deleite a los sentidos
muy hermoso..
felicitaciones por tu imaginacion
te qiero!
tu amiga de la infancia jaja


Agu Giardini (sin Blog)
mi amiga de la infancia.

F dijo...

em,. "inexplicable"
Verdaderamente sorprendente, la facilidad para expresar algo tan simple en tantas palabras, con tantos detalles.. "Perfecto"/"bellisimo", creo que ese es el calificativo que buscaba..

Gracias por compartir esto con esta completa extraña de pelo lila


(mi amiga de pelo lila y abrazos de 5 centavos)

Mariang dijo...

No necesité hablarte para conocerte, no necesito verte para saber, Naranja...que existís.

F dijo...

que bueno !!!!!!!!!!! felicitaciones y vas por más.