lunes, 4 de mayo de 2015

Los hijos del miedo y la duda

Qué tienen estos días que se roban todo de mi, que me sugan el cuerpo y el espíritu y al mismo tiempo me lo dan todo, como una catarata inabarcable. Yo estoy ahí, en el medio del vacío y de las corrientes intentando agarrar el agua que solo resbala en mis manos, intentado prenderme fuerte a un mi mismo sin forma, sin tiempo. Vuelvo a ser lo fui, no cambié nunca, no soy mi pasado, no soy mi historia, no me conozco más, cambié, me vine, me fui un poco, me perdí, me hallé, desconfié de cada instante que pasé conmigo mismo, desconfío de cada instante que paso con los demás; miro atónito como mi vida no solo me pertenece a mi. El cuerpo es una gelatina, incluso así de transparente, me visto irremediablemente de negro, no consigo ver a nadie, no consigo dejarme entender, ni siquiera hablar, no se qué hablar, las palabras son un nudo que generan la arcada de la existencia diaria. Estos días vienen, plantan la angustia, esconden sus raíces y se van, no sin antes dejar el jalón de su regreso oculto en los rincones de la telaraña. La duda hija del miedo o el miedo hijo de la duda no bajan nunca de las cíclicas vueltas de una ruleta sin colores. La vida está encriptada, no hay subtítulos, no hay mapas, no hay nadie que pueda abarcarla.

viernes, 7 de noviembre de 2014

31/10 ou descer o morro correndo

mi cumpleaños acabó, se desvanecen las fuerzas que buscaban el cielo, los párpados no aguantan la luz, los días consumen la confianza o la fortalecen? los días desafían insoportables, felices o decorados, me da miedo. Y ahora que dejé de mentir le tengo terror a la mentira, a su fuerza vengadora, (nuevamente) a su luz, a lo que quiere decir, y también a lo que dice. los músculos duelen de no poder amanecer, de tener que luchar, que no poder navegar. Duelen los musculos y el corazon de la tristeza, de la felicidad que está ahí cerca pero no acá, que nos seduce, que calienta nuestras pieles, nuestras mentes, nuestros dientes pero que no está acá. tristeza que toca la puerta, y que la pereza (y el rencor?) no nos deja abrirle. La pereza de no estar solo? la pereza de tener que dar cuenta de otros ojos? la pereza de una vida a la luz de otra? el sueño? el terror? la vulnerabilidad? el miedo? el desencuentro? desde cuándo no pasa lo que puede pasar? desde siempre? desde cuando podemos volvernos extraños conocidos? desde cuando tenemos miedo a la verguenza? desde cuando podemos ser tan mezquinos hasta lastimarnos? desde qué momento yo mismo soy yo acá? donde estamos? donde estamos mientras vomito? mientras dormimos juntos y mientras pienso que tu piel y que tu cuerpo es mi lugar en el mundo?

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los Algunos y los Pocos.

Hubo un momento en la historia de la humanidad en el que la grasa chorreaba, los satélites taparon lo celeste que había abajo del arriba infinito, la gente comía siempre la misma comida y los niños y los ancianos ya casi ni existían. Y en un lugar en estas condiciones, algo malo tenía que pasar. Al principio se sólo se rumoreaba en las calles y las señoras en las salas de espera ni querían hablar del tema. Una vez un comerciante de poco peso que recién se iniciaba en las reuniones de la Avenida, medio queriendo hacerse respetar, trajo el tema a colación, a los que demás le respondieron con el desprecio más civilizado del mundo. Las amas de casa llenaban los espacios con mas noticieros, porque sabían que la información es poder y el poder los protege del mundo hostil en el que viven sus hijos, y también sabían que nunca un noticiero se atrevería a cometer la inmoralidad de hablar de temas como la aparición de Algunos Pocos, es obvio que en este tiempo nadie va a fomentar el desorden. No voy a negar, que hasta acá, algunas cosas parecen contradictorias, pero les aseguro que no las son, el problema es que la realidad es difícil de contar. Con el tiempo el tema se fue apagando, meses de una verdad en silencio, la convierten en mentira, pero los algunos fueron pacientes y al principio no sabían porque les pasaba eso, empezaban a sospechar de disfunciones neuronales o de cólicos mentales y cuando la duda-síntoma, aparecía, intentaban disimularla, para que los otros no lo miren con mala cara, no se puede andar con una duda de acá para allá, así como así y también la disimulaban para ellos mismos, porque las dudas cuando llegan te lo piden todo, sueño, trabajo, comida y hasta los tiempos que antes eran libres. Giosa empezó así, dejando la duda en su casa cuando se iba al trabajo y para estar tranquila la guardaba en el placard de la pieza y sólo la veía un rato cuando se bañaba y cuando se iba a dormir, si bien la ponía a trabajar, no podía negar que la duda la divertía, la llevaba a lugares de sí misma y del mundo que la convertían, que la transformaban, pero eran lugares peligrosos y Giosa temió por su cordura y la guardó otra vez en el placard pero esta vez en un cajón de abajo de todo, que nunca abría, y la duda se quedó ahí quietita, como saludando, parecía inocente, parecía un cachorrito en adopción. Se animó a seguir así, antes estaba bien, y si, le fue mucho mejor, mejoró su sueldo, mejoraron sus amistades en las clases de algo que todos debemos tomar y las cosas tomaron sutilmente su curso, sólo una cosa fue diferente, que cuando se acostaba y quedaba mirando para acá, y no contra la pared, a veces miraba el cajón a donde había dejado a su duda y algo le pasaba en el pecho, ese instante la hacía diferente a toda la gente que vivía en su edificio o en su ciudad, algo le pasaba en el pecho. La duda se fue hinchando sin que ella se diera cuenta, no entendía por qué cada vez eran más largos esos dolores en el pecho. Un día noto que el cajón se estaba abriendo, la madera estaba hinchada y la duda no pudo más ahí adentro, explotó, salpicó sangre y dolor por la toda la pieza, el olor a duda fermentada salió como una ola de cemento y le golpeó en la cara a Giosa que esa noche, entre la inmundicia de la duda se acostó y lloró, lloró hasta que se hizo de día, lloró y pensó, pensó y sintió, sintió y vivió. Y ella como tantos de los Algunos Pocos que dudaban, se dejó invadir por la duda, se relamió en la duda. Y se acercó a esos Algunos que les había pasado lo mismo y descubrieron que dudar en conjunto es mucho mejor que dudar sólo, que dudando así, de muchos y quizá, a lo mejor, de a montones se conoce al otro, se lo escucha y hasta se lo puede llegar a amar, eso y otras costumbres que se usaban antes, porque esta gente es gente que recuerda, son nostálgicos pero son actuantes y no ven con malos ojos salir de la clandestinidad a la que los confinó tener una duda y decirles a todos que ellos también pueden dudar, que vivir no es solo cortar y pegar. Yo no se bien que pasó o que va a pasar con esos tipos, ojalá se les dé por hacerse escuchar, desde el mundo, en muchos lugares, siempre hay alguien que tiene algo para dudar, algo en que pensar y hasta algo que decir.

domingo, 20 de mayo de 2012

Irlanda siempre viva.

Hoy va a ser diferente, hoy lo voy a pensar, voy a hacerlo lento, sin esperar lo grande del clímax de inspiración, esta vez, simplemente voy a intentar escribirte sabiendo lo que hago, dejando la inconsiencia verborrágica de otros textos, corro el riesgo de ser menos yo, pero tal vez, así sos mas vos. Apareciste..."apareciste" es la palabra justa, las apariciones se me vienen de la nada y vos pidiendo por un malbec en un lugar donde nadie toma malbec te tornaste nítida, visible, donde de tanto que había, ya no quedaba nada por ver. Caí en tu trampa o vos caíste en la mía, no me importa, dejo de importarme cuando pasé de querer conquistarte a querer enamorarte. Me acariciaste la espalda y me sentí invadido, me tocaste la cara y me dio vergüenza...estaba dejando de ser hombre para convertirme en un alma...o en un niño. Me hablaste del tiempo, del viento, del mundo y casi nada de vos, pero me dejaste conocerte a medias, con tus reservas, sin mostrarte demasiado, siendo ciega de esperanzas y no dando garantías de existencia profunda, todavía hoy venero ese milagro. Me llené de suspiros, me reí de frente y ahí estaba yo, por fin, desprovisto de ambiciones terrenales, dispuesto a entregarte mi tiempo o mi vida por un abrazo más, por una mirada cálida mas. Te hiciste una canción para limpiar la casa, te convertiste en el sueño de mi derrota. Me da miedo tu libertas, me paralizan tus ambiciones, me seduce tu desencanto y tu andar sereno, nunca arrugás la frente, nunca estás de mas los sábados a la noche. Vino, café, chocolate, carne y vino de nuevo, besos, amores y demás vicios, una despedida fugaz y dos semanas sin verte, pero existiendo precisa, incansable en los latidos de mis días. Son cosas diferentes el amor, el afecto y el encontrarse a uno mismo en los ojos del otro, creo que sólo tengo alguna idea de ésto último. Me da terror, fiel a mi vida atravesada por el miedo, me da terror no poder circunscribirte a la tinta y a esta hoja...me atrae enormemente esto mismo. Lo que siguieron fueron innumerables sucesiones de ausencias físicas...perdón por extrañarte. (no es casualidad tantos puntos suspensivos). Amo tu libertad pero sospecho que no se cómo usar la mía. Quiero agradecerte, quiero que en un abrazo entiendas que lugar ocupás, quiero que sepas, una vez mas que cambiaste mi paisaje, volviste imagen mis miserias, tus naranjas, rojos y amarillos tiñeron mi actualidad con la frescura de un presente lleno de tu voz y del futuro mas encantadoramente incierto que jamás haya tenido. Eso! eso es! el futuro es lo que a vos menos te preocupa cuando me mirás y es lo que a mi me hace quererte eternamente, un te quiero desligado de mi, del mundo, pero siempre cerca tuyo... La soledad es una opción? ¿La mía es realmente una elección? ¿Nos merecemos? ¿Nos necesitamos? ¿Somos de verdad?. Si, somos de verdad.

lunes, 6 de febrero de 2012

"Si estás entre volver y no volver"

-¿Quién sos?- le pregunté y debajo de sus cejas oscuras asomaron sus ojos marrones, destellantes de momentos, sufrientes de soledad, para mirarme y entre ruidos de calles, saludarme, al principio la calidez fue fingida, luego ella me hizo pasar.
Su nombre resonó hueco, evidentemente era el milagro que menos me importaba, no podía dejar de observar con el mismo detenimiento de siempre pero en otra ciudad, con otro aire y con otra playa, el lunar que coronaba su sinuosa pero delicadamente armoniosa nariz.
No sonaba ninguna canción, o al menos yo no escuchaba más que su voz. Tomamos cerveza, me invitó a fumar, luego ella me invitó a pasar.
No podía mirarla sin pensar que ya existía, no podía negar que la inerte cromaticidad de su rostro era nueva en mi mundo, que su ideal estatura, la música de su voz y su sueños hicieron en mi que la conozca de antes, tal vez de vidas pasadas, tal vez de sueños pesados.
Me sentí morir en su tristeza, me hice llanto en su soledad, todo en mi sabía que no podía quererla, que ella no era ella, que era un punto más del círculo inmenso, agónico que sólo es mas leve, menos eterno cuando estoy solo, cara a cara con mi filomisantropía.
Hablé de cine, de teorías mundanas, hablé de lo excelso de vivir, les confié mis miedos y ella latía conmigo, pero permanecía siempre con la inestable inmovilidad del que no se anima a saltar.
Le pedí un suicidio, confié en su ilusión, me desangré de extrañarla y nunca llamé...luego ella me hizo pasar.
Y yo me quise quedar, juro que si esa cerveza no estaba caliente, me quedaba, para luego arrepentirme, claro, dinámica absurda que siempre cruzó mi vida.
Le expliqué no podía, le rogué que me dejara hacerlo y ella no hizo nada, solo me explicó que no creía en nadie, se negó a extrañarme, se dedicó a archivar nuestro encuentro en la prisión anecdótica, cómo si para mi hubiese sido un buen recuerdo.
La ingratitud del calor me devolvió a sus sienes, no puedo perdonarme los abrazos que no dí, no puedo perdonarle la distancia infranqueable con la que siempre miró.
Su duda se hizo carne en mi, su inseguridad hirió de muerte mi esperanza. Lo que nos separa no son kilómetros, la distancia física es un ínfimo factor, lo que nos separa es la irreverente voluntad de renunciar.
No puedo exigirle nada que yo no pueda dar y eso reduce mis posibilidades de un segundo encuentro, tal vez vivamos alguna vez en la misma ciudad, tal vez un día, los dos decidamos dejar de escapar.
Quise dejarme ser, quise huir por un momento de mi ruin afán de incomprensible, quise que nada nos toque, me mostré duro pidiendo a gritos que me dejara llorar en sus ojos.
"Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido"...fue solo un eslabón perfecto, preciso, en la cadena de sucesos que en mi vida siempre desembocaron en la angustia que me excede, fue ella esta vez, fue otra ayer, nunca fue nadie sin mi, nunca existió sin que yo se lo permitiera.
Volé con su viento...luego ella me hizo pasar.

domingo, 8 de enero de 2012

Lo que existe pero no está.

Era extraño pensar en la distancia que separaba sus cuerpos cuando casi por casualidad fingida se veían, jugaban a la clandestinidad, a las escondidas, ninguno de los dos sabía de que se ocultaban. Posiblemente caminaban en puntas de pies para no despertar al pasado.
Los dos eran conscientes de la erotización de la que estaban revestidos sus cuerpos pero llenaban amargamente la distancia que los unía con un cargamento de palabras, jugaban a distraerse, a no ser ellos, como buscando así la mejor forma de individualidad posible. Eran buenos actores, eximios seductores de un público unilateral pero concretamente definido, escogido por ideas inconscientes, por un engañoso azar.
Se conocían desde siempre, los dos ya habían visto rodar lágrimas del otro por mejillas rosadas, agobiadas del mundo, los dos ya se habían descubierto riendo detrás de un velo de resguardado orgullo.
Ellos dos no eran más que dos pero todo un universo de emociones, sensaciones y cosas se vertían a su antojo en una interminable caravana de recuerdos, dispuestos a redescubrirse en un pasado cansado de esperar en el tiempo, un pasado que buscaba hacerse presente o tal vez historia. El simple pasado no refleja lo que es historia, el pasado es pesado, es carne, es meses sin pestañear, la historia vivifica, da sentido, enaltece o condena a sus protagonistas, los enmarca en un presente justificando las vivencias del hoy, la historia nos hace comprender y amar el presente, el pasado con su velo de engorrosa oscuridad, nos hace padecer la actualidad.
Cuando se conoce el hoy subjetivo, no hay ni plena historia ni pleno pasado, es precisamente la imprecisa combinación de éstos dos las que determinan nuestro día, no por no hay rebosante historia, no hay suficiente pasado y no hay certero hoy, somos la arbitraria combinación de lo que fuimos.
Gabriél es joven y a los ojos de una pseudoexigencia social, exitoso. Esa es su principal condena, el ser exitoso, o para ser más exactos, parecer exitoso, darse a conocer como tal, mostrarse exitoso. En esa bataola de premiaciones sociales, halagos descarados y sonrisa eterna, no encontraba lugar para sufrir, no había en su vida el momento exacto para dejar correr las lágrima, no había tiempo ni espacio en su mundo para acercarse al mundo que lo desvela, el mundo mas verdadero, el mundo de su angustia.
La consigna es no sufrir, la consigna es sonreír, la consigna es...no ser.
Gabriél es un metódico, un tipo que de tanto pensar en el tiempo se quedó sin tiempo, porque el único tiempo que de verdad vale es el tiempo en el que Gabriél, Aldo o Cristian, pueden ser verdaderamente Gabriél, Aldo o Cristian y para eso: ¡NO SEÑOR!, no hay tiempo .
Somos lo que no somos, somos lo que no nos dejan ser.
Pero a ésta historia que continúa, a éste pasado que recién empieza le quedan ribetes de incertidumbre que lo horrorizan, lo hacen temblar de frío, despecho y miedo pero que lo apasiona, lo seduce, lo contamina incansablemente de sospechas por lo que no fue.
Tal vez esté solo con Mariana porque es lo único que apasiona su vida, tal vez encuentre en ella (que no es ella), el motivo para teñir de pasión, sorpresa y alegría su presente calmo y desordenado.
Tal vez ella maquille sus heridas, enjuague sus siempre inexistentes lágrimas. Tal vez ella vuelva a herirlo...tal vez él, vuelva a sentir.

martes, 13 de diciembre de 2011

"Lo que es sencillo"

Está solo, no entiende por ni para qué, mira hacia atrás y miles de explicaciones salen a su encuentro, miles de miradas se funden en un solo rostro que mira desapasionadamente, un rostro indiferente o tal vez solo temeroso, dubitativo que se juega en un doble juego, va y viene en una misma línea, la línea difusa y provocativa del deseo, se engaña pensando que entender mecanismos es entender la vida.
Su mundo oscila entre lo impensado y lo absurdo, tiene ribetes de risas pasionales y efímeras pero vivificantes e internamente eternas. Se agarra de lo que no tiene, transita por lo que no vive, como si el camino más fácil fuese tener siempre algo a cuestas, como si la responsabilidad de vivir fue el único motivo para hacerlo.
Bajar los brazos no es una opción para él, prefiere el camino indómito e ingrato de la búsqueda de su verdad que la comodidad y lo alcanzable de su mentira.
Como un arquitecto de sueños modula su querer, finge estar ajeno a lo que es, pero sus ojos no siempre lo dejan no ver y cuando puede mirar de verdad, en ese instante no soñado donde la piel se le atormenta y su mente no existe más que para salvarlo del incipiente vacío que se abre a sus pies, tiembla de miedo o de frío, no sabe bien.
Está indeciso, se lleva una mano a la cabeza y medio se rasca, medio se peina, se golpea la pierna en busca de respuestas a preguntas que todavía no sabe hacerse. Sería mucho más fácil escapar a la frivolidad, a lo esencialmente inexistente pero concretamente reconfortante, pero esa vía lo aburre, y ese “no” lo lleva a muchos “si” que se concatenan en una larga lista de razones que no quieren serlo y buscan salida, esa larga lista da perversa sumatoria, solo queda la profundidad de un “sí mismo” que no conoce del todo, que no entiende y que sobre todo, lo asusta.
Intenta llenarse la boca de voz para ocultar su abatimiento, su desolación…pero la malicia mundana no hace oídos sordos, no detecta los engranajes que enlutan su corazón, el mundo ríe y asiente ante su gracia, piantaos malabares, ese mundo le da el placer que piensa querer, placeres accesorios que no necesita y que le vuelven amargo el sabor de una ineficaz victoria.
Entrecierra los ojos buscando algo de paz, quiere con esto eliminar el tiempo, quiere trocar la incertidumbre del futuro con lo difuso del pasado, quiere obtener un hoy imposible, un hoy que le deje sentirse a gusto y disfrutar, como si esto de vivir fuera tan sencillo, como si eso de morir fuese el único objetivo.