Está solo, no entiende por ni para qué, mira hacia atrás y miles de explicaciones salen a su encuentro, miles de miradas se funden en un solo rostro que mira desapasionadamente, un rostro indiferente o tal vez solo temeroso, dubitativo que se juega en un doble juego, va y viene en una misma línea, la línea difusa y provocativa del deseo, se engaña pensando que entender mecanismos es entender la vida.
Su mundo oscila entre lo impensado y lo absurdo, tiene ribetes de risas pasionales y efímeras pero vivificantes e internamente eternas. Se agarra de lo que no tiene, transita por lo que no vive, como si el camino más fácil fuese tener siempre algo a cuestas, como si la responsabilidad de vivir fue el único motivo para hacerlo.
Bajar los brazos no es una opción para él, prefiere el camino indómito e ingrato de la búsqueda de su verdad que la comodidad y lo alcanzable de su mentira.
Como un arquitecto de sueños modula su querer, finge estar ajeno a lo que es, pero sus ojos no siempre lo dejan no ver y cuando puede mirar de verdad, en ese instante no soñado donde la piel se le atormenta y su mente no existe más que para salvarlo del incipiente vacío que se abre a sus pies, tiembla de miedo o de frío, no sabe bien.
Está indeciso, se lleva una mano a la cabeza y medio se rasca, medio se peina, se golpea la pierna en busca de respuestas a preguntas que todavía no sabe hacerse. Sería mucho más fácil escapar a la frivolidad, a lo esencialmente inexistente pero concretamente reconfortante, pero esa vía lo aburre, y ese “no” lo lleva a muchos “si” que se concatenan en una larga lista de razones que no quieren serlo y buscan salida, esa larga lista da perversa sumatoria, solo queda la profundidad de un “sí mismo” que no conoce del todo, que no entiende y que sobre todo, lo asusta.
Intenta llenarse la boca de voz para ocultar su abatimiento, su desolación…pero la malicia mundana no hace oídos sordos, no detecta los engranajes que enlutan su corazón, el mundo ríe y asiente ante su gracia, piantaos malabares, ese mundo le da el placer que piensa querer, placeres accesorios que no necesita y que le vuelven amargo el sabor de una ineficaz victoria.
Entrecierra los ojos buscando algo de paz, quiere con esto eliminar el tiempo, quiere trocar la incertidumbre del futuro con lo difuso del pasado, quiere obtener un hoy imposible, un hoy que le deje sentirse a gusto y disfrutar, como si esto de vivir fuera tan sencillo, como si eso de morir fuese el único objetivo.
2 comentarios:
Me lo guardo para toda la vida.
Feliz octubre número 23.
te extraño tanto..
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